lunes, 21 de septiembre de 2015

El dormitorio de una señorita (I)

¡Hola otra vez! En esta entrada tocaba el vestíbulo pero he de repetir las fotos con una buena luz porque no me han salido demasiado bien, así que... Mejor dejamos el vestíbulo para otra ocasión y pasemos a conocer un pequeño rincón muy femenino y elegante. 

Lo primero de todo, ver el espacio disponible y forrar paredes con cartón pluma. Dejé un falso pasillo al fondo para dar sensación de profundidad, con una consolita de mármol blanco  para decorarlo. En esta ocasión el suelo es muy sencillo, simplemente listones largos uno junto a otro.





Con la estructura lista, es hora de experimentar con las muchas combinaciones de muebles.




Elegí un papel con guirnaldas de flores en tonos claros, y sobre el zócalo de cartón pluma hice algunas pruebas con colores. Al final me decidí por el aguamarina, ya que le daba un contraste bastante bonito. También envejecí el suelo con pátina blanca.




Los dibujos del zócalo están hechos con una perforadora. Es rápido y sencillísimo y el resultado queda estupendo. Con molduritas de madera y molduras de pasta de modelar blanca fui decorando las paredes.




Elegí muebles de estilo romántico y los pinté en un rosa muy claro con toques dorados. La joven dueña del cuarto es toda una mademoiselle: perfumes, un joyero, peines... ¡No le falta de nada! Sobre la cómoda vemos algunos libros (seguramente esté leyendo Cumbres Borrascosas), una muñequita de su infancia a la que tiene cariño y una jofaina de porcelana blanca. Para alegrar la estancia, nada mejor que un buen jarrón de rosas que den color y perfume. Por último, la cama estilo diván tiene pintada una figura femenina; está vestida con una colcha estampada y encajes. El cerdito lo compré hace algunos años en la feria Tom Bishop de Madrid, ¡es una de mis miniaturas favoritas!.









Con los muebles listos para ir a su sitio, hoy lo dejaremos aquí. En la próxima entrada veremos como queda el cuarto terminado. Gracias por pasaros y seguir los progresos de Villa Rêve. ¡Hasta pronto!  


sábado, 11 de julio de 2015

La biblioteca.


¿Os gusta leer? A mí me apasiona, por eso no podía dejar de instalar una estupenda biblioteca. Subiendo al primer piso, a la derecha entramos a una estancia de estilo versallesco. Es la más antigua de la casa, por lo que se ha conservado este peculiar estilo decorativo que tan de moda pusieron los últimos reyes franceses. 






Me decidí por un tono rosa para las paredes, que luego combinaría con los paneles decorativos y el mármol de las columnas y la chimenea. Como siempre, la estructura la trabajo sobre una plancha de cartón pluma de la misma medida que la pared, dibujo el diseño de los paneles y les voy dando los relieves a partir de listones de madera o filigranas de escayola. En este caso tenía unas láminas decorativas que quería utilizar. 

En la pared del fondo ubiqué dos estanterías para los libros, separadas por la chimenea. En esta ocasión la hice algo más pequeña y sencilla que la del comedor, acorde al espacio de la biblioteca. 





En el resto de paredes seguí el mismo diseño colocando los listones, después pinté, envejecí y pegué las láminas.












Para el suelo corté listones de unos 2mm de grosor y los fui pegando conforme al tipo de parqué espiga. No es complicado pero sí hay que tener paciencia para que todos los listones encajen entre sí y no queden huecos raros. Después le dí una buena lijada, mano de barniz y cera para envejecer. 




Uno de mis momentos favoritos es la hora de amueblar: elegir, cambiar, combinar... Puedo pasarme horas y horas haciendo pruebas. Por suerte, el estilo versalles es muy concreto y apañé un conjunto de sofá y sillones con un par de búcaros de flores para restarle sobriedad.









No podía faltar una espectacular vitrina para guardar el juego de café, y como quería romper un poco los tonos pasteles me decidí por un azul victoriano con toques dorados. La vajilla es de Reutter pintada a mano y me la regaló mi madre por mi cumpleaños. El búcaro de hortensias hechas a mano también me lo regaló ella el primer año que fuimos a la Feria Tom Bishop en Madrid (¡gracias mami!). 









Hice un buen montón de libritos con imprimibles y cartón pluma, decoré la chimenea, puse las lámparas y un tapete de ganchillo (otra vez mi abuela, jeje) en la mesita de centro sobre el que se luce un jarrón de murano rojo y borde de oro. Una alfombra muy recargada suaviza la madera. Todo muy señorial en esta biblioteca tan refinada. 






  

De momento nos quedaremos aquí leyendo un buen libro a la espera de continuar nuestra visita. Por cierto... ¿alguien quiere té?. Descansaremos y repondremos energías antes de proseguir con nuestra próxima parada: el vestíbulo.  







El comedor (II)


¡Hola de nuevo! He tardado varios meses en volver por aquí, pero los estudios, el trabajo y las obligaciones me han tenido alejada de las minis por un tiempo. Con la tranquilidad (y el calor infernal) del verano terminaré de contar el proceso del comedor y lo veremos terminado. 

Para decorar la pared a ambos lados de la chimenea hice dos candelabros con cuentas imitando a cristales y varias filigranas de oro, pero éstos no tienen iluminación sino que más bien son decorativos. Para el techo elegí una lámpara clásica de múltiples brazos, y como la veía un poco sosa le añadí unas lagrimitas de cristal con ayuda de unas pinzas de bisutería. 







Como curiosidad, mi rudimentario método de sujeción mientras trabajaba, y que funciona a la perfección, jeje.


Y así se ve iluminado.



Para decorar la chimenea quería ponerle una campanita de cristal de ésas que llevan una escena de vegetación en el interior, de modo que me fabriqué una a partir de musgo y unas florecitas de fimo. 


Luego añadí un espejito, muchos retratos familiares, un reloj y un jarrón de porcelana. 




El resto de la decoración es a base de elementos de cristal, flores y plantas, un juego de té de plata y algunos retratos en las paredes. Sobre la alfombra con motivos vegetales se sitúan las sillas, cuyos respaldos presentan imágenes tradicionales de la campiña. La mesa tiene un camino de mesa de ganchillo hecho por mi abuela (a la que adoro con locura) y un centro y candelabros de cristal soplado, ambos de Phil Grenyer, al igual que el resto de la cristalería.







¿Os gusta leer? ¿No hay placer más grande que arrellanarse en un buen sillón ante la chimenea con nuestro libro favorito en las manos? Estupendo, porque nuestra próxima parada será la biblioteca.